25/3/17

Políticas Medioambientales



¿Deben las empresas definir su política medioambiental?
Por Luisa M. Valdez Lorenzo
El establecimiento de una política medioambiental constituye hoy en día una necesidad, ya que esto implica realizar esfuerzos políticos para conservar las bases naturales de la vida humana y conseguir un desarrollo sostenible. A partir del 1972, fruto de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Humano que promovió una conciencia ambiental creciente, los gobiernos han establecido políticas medioambientales a nivel regional, nacional e internacional.

Los problemas ambientales que estamos viviendo han impulsado a muchas empresas a nivel mundial a contribuir con su solución mediante acciones específicas estrechamente ligadas a su quehacer. De ahí que, por ejemplo, se espera que una institución académica trace una política medioambiental coherente con la misión, la visión y los principios que la guían. En tal sentido, la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) desde el 2010 desarrolla una serie de acciones a través del programa “Soy UNPHU, pienso en verde”, así como de la oferta de diversas asignaturas relativas a la conservación del medio ambiente, lo cual muestra una política ambiental institucional muy bien definida en el ámbito académico.

El programa “Soy UNPHU, pienso en verde” fue creado en el año 2010 por la fundación PROUNPHU y el Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Recursos Naturales. Esta campaña innovadora refleja la filosofía de esta universidad para mejorar y cuidar el entorno ecológico del campus. Además, esta estrategia de gestión ambiental va encaminada a que nuestra sociedad optimice el uso de los recursos naturales, mediante una labor académica que motiva a nuestros estudiantes a comprometerse con acciones concretas como son la clasificación de los desechos sólidos, la reutilización del papel y el uso de objetos plásticos para artesanía, entre otras.

Son nuestros estudiantes y docentes universitarios quienes que participan con entusiasmo en trabajos de investigación en las áreas naturales protegidas, actividades ecológicas, artísticas y teatrales, así como en jornadas de reforestación y de limpieza de costas. Estas acciones puntuales buscan optimizar el uso de los recursos naturales e impulsar y conducir la sociedad dominicana hacia el desarrollo sostenible.
Por otro lado, a través de la Escuela de Graduados, la UNPHU presenta entre sus opciones académicas la asignatura Políticas Medioambientales (POL-628) y la maestría en Ciencias para Docentes, especialmente con su asignatura Ecosistema y Entorno Dominicano (PPC-600), las cuales promueven principios y estrategias que permitan a los estudiantes hacer eficiente la aplicación de políticas medioambientales a todos los niveles, en beneficio de las comunidades locales, las empresas y la sociedad en general.
Los maestrantes analizan los instrumentos teóricos y metodológicos relativos a políticas de manejo sustentable de los recursos naturales, especialmente los contemplados en la Ley 64-00, con miras a elevar el nivel del debate nacional sobre la problemática medioambiental y aportar soluciones prácticas.
Entre los objetivos de la asignatura POL-628 se plantean, en primer lugar, líneas de investigación relativas al diseño e implementación de políticas vinculadas al uso racional de los recursos naturales y a la conservación de la biodiversidad. En segundo lugar, se promueve el desarrollo e implementación eficiente de los instrumentos de políticas dirigidas a lograr la sostenibilidad social, económica y ecológica con un enfoque participativo; y, finalmente, nuestros maestrantes elaboran, analizan y evalúan programas, planes y proyectos vinculados a la gestión ambiental, con miras a mejorar la calidad de vida de las comunidades locales.
Principios de Política Ambiental
En la República Dominicana, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales es la institución encargada de establecer las políticas ambientales. Le corresponde planificar y ejecutar acciones para la prevención, el control y la evaluación de la gestión ambiental en el país.
Por esa razón no se explica que todos los años ocurran incendios forestales incontrolados en gran parte del territorio nacional, sin que las autoridades muestren su voluntad de evitarlos, mediante la implementación de medidas preventivas adecuadas.
Es competencia del Ministerio de Medio Ambiente registrar la evaluación de impactos ambientales como una herramienta técnica de uso generalizado y riguroso por parte de los sectores extractivos y productivos. Sin embargo, la ciudadanía está lejos de ser escuchada en sus reclamos para que cese la extracción indiscriminada de agregados que destruyen las fuentes de agua.
Según Gutiérrez et al. (2013) y Rodríguez-Becerra (1994; 2015), existe una serie principios que deben guiar cualquier política ambiental, entre los cuales seleccionamos los siete siguientes:
1) principio del desarrollo sostenible que busca detener los graves procesos de deterioro de los recursos naturales y del medio ambiente, restaurando muchos de los daños infligidos y haciendo buen uso de los recursos;
2) principio de responsabilidad que lleva a los sectores a hacerse responsables de las emisiones producidas por la generación de energía, industria, transporte, edificios y construcción, así como la agricultura;
3) principio precautorio al que se recurre en caso de incertidumbre científica sobre una sospecha de riesgo para la salud humana o el medio ambiente que se derive de una acción o política determinada;
4) principio de sustitución que nos lleva, por ejemplo, a reemplazar procesos de alto consumo energético por otros más eficientes;
5) principio "el que contamina paga" que se aplica cuando no se puede prevenir el daño ambiental causado a especies protegidas y hábitats naturales, el agua y el suelo, entre otros;
6) principio de coherencia que requiere la coordinación interinstitucional y la integración de asuntos ambientales en otros ámbitos; y
7) principio de cooperación que implica la integración de líderes de las comunidades o grupos sociales en la definición y ejecución de metas ambientales.
Estos principios tratan de garantizar que la protección del medio ambiente se tome en cuenta a la hora de diseñar y aplicar el resto de políticas nacionales. A nivel internacional, destacamos la Declaración del Milenio subscrita por diversos países en Nueva York, en septiembre del 2000, que reafirma los principios del desarrollo sostenible incluidos en la Agenda 21. En ella, las naciones se comprometieron a intensificar la cooperación y la coordinación de acciones orientadas a la institucionalización de la gestión ambiental entre las organizaciones internacionales y regionales en asociación con el sector público y privado, con miras a reducir el número y efectos de los desastres naturales y de las presiones antropogénicas (PNUMA, 2003).

Instrumentos de Política Ambiental
La política ambiental debe basarse siempre en los resultados de estudios científicos que evalúen los instrumentos jurídicos, administrativos, técnicos, económicos y sociales. Gutiérrez et al.(2013) explican que los instrumentos jurídicos comprenden un conjunto de normas y disposiciones legales sobre el medio ambiente, mientras que los instrumentos administrativos corresponden a las evaluaciones de impacto ambiental y auditorías ambientales. De hecho, la política ambiental parte de lo establecido en la legislación, armonizando lo económico con los objetivos sociales, mediante la aplicación normas que permiten controlar los procesos productivos, promueven cambios tecnológicos e inducen comportamientos hacia la protección ambiental.
Lamentablemente hemos visto que en nuestro país muchas normas no se aplican a los procesos productivos agropecuarios y de explotación minera, los cuales provocan impactos ambientales de gran magnitud e irreversibles. Cabe señalar el desorden en el uso de los suelos que impera en el campo dominicano o en empresas mineras que adoptan normativas de otros países con características geográficas muy diferentes, provocando resultados contraproducentes.
En cuanto a los instrumentos técnicos, utilizados para prevenir y/o corregir los daños ambientales, señalamos la aplicación de tecnologías para hacer operativa la legislación dominicana que sustenta el sistema nacional de evaluación de impacto ambiental. A esto se suma la necesidad de calificar los consultores autorizados para realizar las evaluaciones y auditorías ambientales, así como la obligatoriedad de realizar la consulta previa a los sectores afectados directa e indirectamente.
Con respecto a los instrumentos económicos y fiscales (subvenciones, impuestos, tarifas a pagar por el uso de servicios y bienes ambientales), podemos señalar que nos permiten recompensar costes de acciones positivas y penalizar los que perjudican al medio ambiente. Ocampo (1999) expresa que en muchos casos se consigue financiar parte del desarrollo sostenible y cumplir ciertos estándares de previsión de servicios asociados a la calidad ambiental y conservación de recursos naturales.
Rodríguez-Becerra (2015) opina que se requiere de una institucionalidad fuerte y eficiente, de la cual carecemos hoy en día, que garantice el control del cumplimiento de la normativa, así como la aplicación de mecanismos de penalización y multas que sustentan el principio de contaminador-pagador y el principio precautorio. La descentralización en la toma de decisiones, por ejemplo, permite al contaminador introducir cierta flexibilidad en las decisiones de consumo o producción, minimizando el costo social de lograr un nivel de calidad ambiental y transfiriendo parte del costo ambiental de la contaminación hacia el individuo responsable de tal decisión. De ahí que es importante considerar los instrumentos sociales que se apoyan en proyectos ambientales, la información y la participación con miras a concienciar a la sociedad a través de la educación ambiental.

Responsabilidad Estatal en las Políticas Medioambientales
Las políticas nacionales ambientales desarrolladas en los países, en general, han surgido de las convenciones y acuerdos jurídicamente no vinculantes suscritos en la Conferencia de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo: biodiversidad, bosques, cambio climático y Agenda 21.
Rodríguez-Becerra (2015) considera que las políticas ambientales que están formalmente establecidas en Brasil, Chile, Colombia, México y Panamá enfatizan la adaptación y mitigación de las amenazas ambientales globales, el desarrollo sostenible y las políticas derivadas de tratados multilaterales que fueron consecuencia de la Cumbre de la Tierra. En adición, recogen, adecúan y adicionan aquellas políticas sobre convenios globales previos, como las del Protocolo de Montreal, dirigidas a disminuir la emisión de las sustancias que generan la destrucción de la capa de ozono. 

En la República Dominicana, las políticas ambientales oficiales van dirigidas a lograr el uso racional de los recursos naturales y la conservación de la biodiversidad en las áreas protegidas, como se refleja en la Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales. En tal sentido, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales es la institución encargada de trazar y ejecutar una serie de acciones o esfuerzos políticos con el objetivo de lograr el uso racional y sostenible de los recursos naturales, en el marco de la Ley 64-00 y otras regulaciones vigentes. Asimismo, este ministerio está obligado a diseñar e implementar políticas y estrategias de conservación -coherentes y orientadas a la sostenibilidad- en el manejo de los recursos naturales.
En el 2010, nuestra Carta Magna establece en sus artículos 66 y 67 que la conservación del equilibrio ecológico y la protección del medio ambiente es responsabilidad del Estado. Por lo tanto, debe prevenir la contaminación, proteger y mantener el medio ambiente en provecho de las presentes y futuras generaciones. Se consigna, además, que toda persona tiene derecho, individual y colectivamente, al uso y goce sostenible de los recursos naturales, así como a habitar en un ambiente sano.
Específicamente en el Art. 67 de la Constitución se prohíbe la introducción, desarrollo, producción, tenencia, comercialización, transporte, almacenamiento y uso de armas químicas, biológicas y nucleares y de agroquímicos vedados internacionalmente, además de residuos nucleares, desechos tóxicos y peligrosos. El Estado se compromete a promover el uso de tecnologías y energías alternativas no contaminantes e imponer las sanciones legales por los daños causados al medio ambiente y a los recursos naturales. Finalmente, la constitución establece la necesidad de cooperación con otras naciones en la protección de los ecosistemas a lo largo de nuestra frontera marítima y terrestre.
De igual modo hay que considerar la Ley 01-12 que contempla la Estrategia Nacional de Desarrollo (END) 2010-2030 que en su cuarto eje plantea una serie de políticas tendentes a lograr un manejo sostenible del medio ambiente y una adecuada adaptación al cambio climático. Asimismo, en el sector agropecuario, el Ministerio de Agricultura ha incorporado en forma muy tímida la dimensión ambiental y mucho menos tecnologías para promover la agricultura sostenible.
Ha sido notoria la debilidad del Ministerio de Medio Ambiente para ejercer el control ambiental de las actividades agropecuarias, como el caso reciente de la mosca del Mediterráneo y los problemas frecuentes de abuso en la utilización de agroquímicos en los cultivos. A esta deficiencia se añade la baja integración interinstitucional para conservar y hacer uso sostenible de la diversidad biológica en los planes nacionales y políticas sectoriales en las políticas de aprovechamiento de los recursos naturales renovables. Todo esto contrasta con la frecuencia en que documentos y organigramas oficiales incluyen esas políticas ambientales, mientras predomina la visión extractivista de los recursos naturales. Es decir, la conservación se considera un asunto secundario frente al de la explotación.
En general, observamos que los gobiernos locales y municipales se han preocupado muy poco por incorporar la dimensión ambiental para enfrentar la vulnerabilidad socio-ambiental frente a fenómenos naturales, como los huracanes y sequías que ocasionan desastres. Todo esto se vincula tanto con la pobreza como a la destrucción y el deterioro de fuentes de agua y ecosistemas boscosos, la degradación de suelos ambientalmente frágiles, la ocupación de áreas expuestas a las inundaciones y deslizamientos, el hacinamiento y la pérdida de bienes culturales e históricos.
Las políticas medioambientales en nuestro país básicamente están orientadas en regulaciones que buscan minimizar los daños causados por la deforestación irracional, la contaminación del agua y del suelo, la disposición inadecuada de los desechos sólidos, entre otros problemas ambientales. Aunque el país ha logrado reducir los procesos de deforestación y cuenta con un marco legal favorable para la adopción de políticas ambientales, su incidencia ha sido mínima en la reducción de los hornos de carbón vegetal y de las emisiones de los gases de invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles con fines energéticos para electricidad y transporte, por citar un ejemplo.
Pero, ¿estamos conscientes de que los problemas del medio ambiente se resuelven a largo plazo? Las decisiones y programas de gestión ambiental necesitan tiempo para mostrar resultados. Sin embargo, podrían ser más eficientes si logramos coordinar nuestros esfuerzos en la búsqueda de soluciones internacionalmente aceptables y aplicables tanto a los países industrializados como a los de en vía de desarrollo.
La República Dominicana es signataria de varios acuerdos y convenios, entre ellos el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático. Este acuerdo internacional busca reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O).  Adicionalmente, el Ministerio de Medio Ambiente está adherido a varias convenciones ambientales globales, como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, 1998), la Convención de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, 1997), y el Anexo III de la Declaración de Río sobre el Manejo, Conservación y Desarrollo Sustentable de los Bosques (1992), que tratan aspectos directamente relacionados con los recursos naturales.
Importancia de Políticas Medioambientales en las Empresas
Igual que los gobiernos han definido un marco regulativo de protección al patrimonio natural de la nación y están obligados a formular y establecer sus políticas medioambientales, las empresas también deben contribuir a mejorar las condiciones ambientales a lo interno y en las comunidades donde operan.
Pero, ¿por qué una empresa o institución privada debe definir su política ambiental? ¿No es suficiente que el Estado aplique las políticas medioambientales?
Es indudable que el sector privado empresarial dominicano viene realizando una serie de esfuerzos técnicos y económicos a fin de mejorar la gestión ambiental y acceder a nuevos mercados. Tanto es así que muchas empresas han modificado su forma de actuar hacia el medio ambiente y procuran cumplir las normas ambientales emitidas por el Ministerio de Medio Ambiente.
Como una respuesta a los tratados internacionales, las empresas han adoptado tecnologías de menor impacto ambiental y medidas para ahorrar energía y agua. De igual modo, prestan mayor atención a los impactos ambientales de las actividades productivas, dados los costos que impone la competitividad, la normatividad ambiental y la responsabilidad social empresarial asumida en sus políticas ambientales.
En nuestro país, igual que en otros países latinoamericanos, el sector empresarial exige seguridad jurídica en materia ambiental y con este propósito implementa sistemas básicos de gestión ambiental o mecanismos de producción limpia. A este sector se suman los medios de comunicación masiva, así como organizaciones no gubernamentales u ONG especializadas que inciden en la toma de decisiones políticas relativas a problemas ambientales locales específicos.
La definición de una política ambiental a nivel de empresa es un requisito de los sistemas de gestión medioambiental certificados como ISO-14001 y EMAS, que evidencian su forma de contribuir con una gestión ambiental eficaz en la comunidad donde lleva a cabo sus operaciones. El EMAS (Eco-Management and Audit Scheme o Reglamento Comunitario de Ecogestión y Ecoauditoría) es una normativa voluntaria de la Unión Europea que reconoce a aquellas organizaciones con un SGA y han adquirido un compromiso de mejora continua, verificado mediante auditorías independientes (Clemente, 2007; Dourojeanni y Quiroga, 2006; Martín, 2006).
La política ambiental empresarial debe partir desde dentro, con la participación activa de la gerencia y de cada uno de sus empleados en las políticas ambientales trazadas. Es decir, debe ser elaborada por un equipo en el que estén representados todos los niveles jerárquicos, concienciados sobre la importancia de mantener un ambiente sano. Conviene realizar talleres o conferencias sobre temas como la conservación y uso eficiente del agua, la generación y disposición de los desechos sólidos propios de la empresa, la producción sostenible y el impacto del cambio climático, entre otros.
Una vez elaborada la política ambiental de la empresa, se requiere orientar e informar a los empleados sobre cómo implementar las acciones propuestas para mejorar la calidad medioambiental en la empresa y en la comunidad. Es el momento de estimular la creación de una empleomanía con una cultura de producción y consumo sostenible, basada en una gestión que minimiza los daños al medio ambiente. De esta manera, la gestión ambiental de la empresa puede llegar a ser eficaz, mostrando su responsabilidad social y ambiental al minimizar las pérdidas humanas y económicas, así como evitando o remediando los daños ambientales.



Sistemas de Gestión Ambiental en las Empresas
¿Cómo obtener el desarrollo económico, la eficiencia y la innovación propios de la competencia y, al mismo tiempo, orientar las fuerzas hacia la protección del medio ambiente? La respuesta a esta pregunta nos conduce a reconocer la necesidad de las regulaciones y de la intervención del gobierno para conciliar el desarrollo económico y la protección del medio ambiente. Según Herrera y Gutiérrez (2011), esto implica adoptar medidas de eficiencia energética, innovaciones en la tecnología y en las técnicas administrativas, minimización de los desperdicios y otras prácticas ambientalmente racionales que demandan la implementación de un Sistema de Gestión Ambiental (SGA).
El SGA permite a las empresas identificar y evaluar sus impactos ambientales reales y potenciales, logrando una mayor eficiencia y un mejor desempeño en materia ambiental. De hecho, al definir una política ambiental, la empresa puede reducir costos y prevenir gastos asociados a deficiencias en el desempeño ambiental, así como detectar, eliminar y controlar gastos excesivos de materias primas, insumos y los asociados a la generación de residuos.
Entre los beneficios de establecer un SGA en la empresa podemos citar: a) la optimización en el uso de la energía y el consumo de recursos naturales no renovables; b) la valorización de los residuos por medio del reciclaje; y c) la utilización de materiales alternativos menos contaminantes. Asimismo, identificar los requisitos legales aplicables, nacionales e internacionales, a los que la empresa puede suscribirse para darle cumplimiento. En tal sentido, llama la atención como las empresas embotelladoras de agua han disminuido el grosor del plástico como una manera de facilitar su degradación en un menor tiempo.
Fernández (2002) opina que las empresas certificadas pueden obtener con mayor rapidez los permisos y autorizaciones por parte de las autoridades y entidades acreditadoras, al mismo tiempo que mejoran el ambiente laboral y su relación con los empleados, quienes han de comprometerse e involucrarse en la consecución de los objetivos ambientales.
Es de suma importancia que cada empresa transmita su compromiso de cuidar al medio ambiente a su personal, proveedores, clientes y a la comunidad a la que pertenece. Su personal debe recibir la capacitación pertinente, de manera que se solidarice con la empresa y se involucre en lograr el uso racional de los recursos naturales y un mejor desempeño ambiental en la disposición final de los desechos sólidos y otras medidas.
Muchas empresas extranjeras establecidas en nuestro país se encuentran certificadas por la Norma Internacional ISO 14001 en todas sus instalaciones, lo cual significa que poseen un SGA adecuado para disminuir los impactos que producen en sus instalaciones, su entorno y la comunidad.


ISO 14001 especifica los requerimientos para el desarrollo de un sistema de administración ambiental y es aplicable a cualquier organización que desee establecer, implementar, mantener y mejorar su sistema. A nivel internacional existen más de 285,000 empresas certificadas en ISO 14001.

La norma ISO 14001 permite incorporarse en cualquier sistema de administración ambiental. El alcance de la aplicación dependerá de factores tales como la política ambiental de la organización, la naturaleza de sus actividades, sus productos y servicios, la ubicación del lugar, así como las condiciones en las que opera. Proporciona a las organizaciones los elementos de un sistema de gestión ambiental efectivo, armonizando algunos beneficios ambientales y económicos.
La ISO 14001 es completamente voluntaria, por lo que no tiene la fuerza de la ley, es decir, su incumplimiento no significa castigos legales. Sin embargo, su obtención proporciona a las organizaciones el reconocimiento a nivel internacional de su cumplimiento con una política ambiental que toma en cuenta la preservación del medio ambiente y de las comunidades vecinas. Esto refleja el compromiso de la mejora continua de su desempeño ambiental y de mantener su preocupación por mejorar el medio ambiente y su entorno en los sitios donde realiza sus actividades. 
 Otro ejemplo que podemos analizar es el de una empresa de embutidos que desea cumplir con los requisitos de la norma ISO 14001. Esta debe asumir las medidas sanitarias de preservación, restauración y mejora de las condiciones del medio ambiente relacionadas con la salud humana. De mismo modo debe apegarse a la legislación vigente para el sacrificio de animales de abasto público y el procesamiento, transporte y comercialización de su carne.
En este caso, la empresa de embutidos buscará modernizar y actualizar las normas internas que regulan el sacrificio de animales para consumo humano, mejorando la calidad e inocuidad en productos y procesos que avalen la protección ambiental y de la salud humana. Debe considerar las normas relativas al uso del agua y los vertimientos al medio acuático y el sistema de alcantarillados, así como a la gestión integral de los residuos sólidos.
El Banco Interamericano de Desarrollo plantea que antes de establecer su política ambiental, cada empresa debe identificar los impactos que genera y los que potencialmente podrían generarse. Luego, ha de reducir las perturbaciones del equilibrio ecológico, dirigiendo sus esfuerzos y recursos hacia las áreas más vulnerables a esos impactos. Igualmente, deberá buscar nuevas alternativas para lograr la disminución, reutilización y eliminación de residuos de manera ambientalmente responsable y viable económicamente (BID, 2003).
Cuando una empresa produce cuidando el medio ambiente en cada una de las etapas de fabricación del producto, también mejora su calificación y su imagen: demuestra un compromiso real en su deseo de reducir los impactos ambientales generados por sus actividades. Los proveedores, la comunidad y sus clientes reconocen su responsabilidad social corporativa de llevar un desarrollo económico compatible con el ambiente y valoran su liderazgo en el cuidado ambiental respecto de otras empresas del mismo rubro.
Corresponde a las empresas continuar impulsando planes de manejo ambiental y el uso de herramientas de producción más limpia, si desean mejorar sus estándares de productividad, competitividad y rentabilidad. De esta manera se disminuyen los riesgos socioambientales y se hace uso eficiente de materias primas y recursos naturales, se reduce la contaminación en la fuente de sus procesos, productos o servicios, evitando así sanciones económicas por parte de las autoridades ambientales y ofreciendo al mercado productos fabricados bajo tecnologías limpias.
Cabe señalar que para lograr el desarrollo sostenible, una gestión ambiental exitosa sólo será posible mediante el trabajo conjunto de las instituciones del Estado, las empresas y la comunidad. En tal sentido, la empresa que define su propia política ambiental, asegura el compromiso de la dirección en cuanto a la protección ambiental, el compromiso de mejora continua y el cumplimiento de los requisitos legales. De ahí que debe lograr que los objetivos ambientales contemplados en nuestra legislación sean integrados a los empresariales dentro de la planificación estratégica, con un buen plan de acción. La ejecución de este plan implica determinar los objetivos y metas, establecer prioridades, designar responsabilidades y destinar los recursos humanos, técnicos y económicos necesarios para su cumplimiento.

Conclusión
Los principales actores de la política ambiental son el gobierno, los empresarios y la población. Dadas las exigencias de mejor calidad ecológica del producto y un ambiente sano por parte de la población, los empresarios se ven motivados a satisfacerlas. Reconocen que el uso de tecnologías limpias y el manejo sustentable de los recursos naturales que usan como materia prima implica mayores inversiones, pero está asociado a mayores rendimientos, productividad y rentabilidad de sus empresas.
Cada empresa deberá generar una política ambiental conforme a su propia naturaleza y disponer de los mecanismos pertinentes para la implementación exitosa y control de su SGA. Ese sistema de gestión ambiental ha de orientar los procesos productivos hacia la conservación de materias primas y energía, la eliminación de materias primas tóxicas, así como a la reducción de la cantidad y toxicidad de emisiones contaminantes y de los desechos.
Las empresas, a través de su política ambiental, se ven obligadas a dar cumplimiento a las normas ambientales que tienen efectos económicos en los costos de operación, ya que son reconocidas y validadas por el público y en el comercio internacional.  Las normas ISO 14000 y las EMAS son instrumentos que garantizan el adecuado funcionamiento ambiental de los procesos productivos de una empresa en particular. Es importante que las empresas midan, monitoreen y evalúen su desempeño ambiental de forma continua, a fin de asegurar su efectividad en el logro de sus objetivos ambientales y cumplir con su compromiso de mejora continua expresada en su política ambiental.


Referencias
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